LA NOSTALGIA DEL CAFÉ
Nuria Navarro Antón (Nuria Antón)
Te escribo desde la serenidad del ocaso,
en el susurro de los años transcurridos,
con manos de libro viejo y letras de mi propia historia.
Cada pliegue de tu piel es algo mío,
cada sendero me lleva a tu bosque.
Es allí donde las hojas comienzan a caer
y no hay regreso,
solo memoria y duelo.
Ahora sé que el tiempo se escapa entre las manos
porque nunca fue nuestro.
¡Ay! Madre,
siéntate a mi lado y cuéntame.
Cuéntame de los tropiezos con la lección sabida.
Cuéntame para que agrande las manos
y pueda abarcar el río;
para que no se oscurezca el recuerdo,
para que no se acomoden los días.
Tú que enterraste los miedos
para que yo corriera libre
y olvidaste soñar para encender mis estrellas.
Hoy,
la nostalgia del café humedece mis pupilas
y bailan los ecos en mi pecho
al ver, colgado en la pared,
el retrato de los días.
Deja que guarde la ira, el odio, el desencanto,
deja que escriba estos versos
para entonar tu luz.
Porque tú no sabes
que convoqué todas las estrellas para acallar el llanto
ni que, en las noches de insomnio,
mi fantasma eras tú.
Oculté mis temblores con deseos absurdos
tan solo para creer que eras feliz.
Tú no sabes
que agarré del cuello las tormentas
y me enfrenté a los nombres propios.
Tú no sabes que peleé mil batallas.
¡Para qué!
Tú no sabes, y ya no importa,
que todos los nombres,
todos los miedos,
todas las luces
y mi melodía,
eran por ti.
No temas al tiempo - dice el poema
mientras pasan los días.









